El pan a secas de Mohamed Chukri

Testimonio mordaz de una infancia inmersa en la miseria

Dicen que las primera líneas de una obra son cruciales para que el lector siga o no leyendo. Empiezo este libro por mera curiosidad, como me ocurre a veces sin tenerlo en la lista o en la pila de pendientes. Me engancho desde la primera página. No es para menos:

Lloro la muerte de mi tío junto con otros niños. Ya no sólo lo hago cuando me pegan, o cuando pierdo algo. Ya había visto llorar a más gente. Es época de hambre en el Rif; de sequía y de guerra.

Todo lo que viene después, completa y desarrolla lo que Chukri describe en estas pocas líneas. A parte de hambre, sequía y guerra, yo añadiría también violencia, violencia extrema. El contexto es el Marruecos de finales de los 40, principio de los 50, poco antes de que se independizara de Francia y España.

Mohamed Chukri cuenta en primera persona y con todo lujo de detalle episodios horribles de su infancia y adolescencia y de cómo se las fue ingeniando para salir adelante e ir superando las atroces adversidades que se fue encontrando en casa, en el barrio y por los distintos lugares del norte de Marruecos y Argelia, sobre todo de Tánger, por los que vagabundeó y trapicheó. La muerte tiene un lugar preminente en la obra, ya sea porque la vive muy de cerca en su familia, ya sea porque está varias veces a punto de alcanzarla.

La novela tiene algo de Lazarillo de Tormes, mucho más bien, o al menos eso a mí me ha parecido: la comida, el dinero, o la falta de ambos junto con las relaciones interesadas que el protagonista establece con quien va encontrando protagonizan este relato. Lo que más llama la atención es cómo cuenta todo eso: de una manera clara, directa y sin miramientos. También me ha recordado mucho al estilo del realismo sucio de Raymond Carver y a la distancia emocional con la que están explicadas las cosas. La voz que nos cuenta la historia no parece tener miedo a nada, es una voz que nos entra como anillo al dedo y no queremos dejar de oírla. Esa voz no tiene miedo tampoco a los preceptos del Corán, ni a aquellos que dicen y obligan a seguirlo a rajatabla, ni a las autoridades que durante años prohibieron el libro en Marruecos. No es de extrañar porque en él se describen con exactitud los problemas derivados de la pobreza, la prostitución, el alcoholismo y la hipocresia social.

¿Cómo sería si estuviéramos condenados a pasar el resto de nuestra vida en esta celda, en estas condiciones? Sin duda pasaríamos el tiempo contándonos nuestras vidas, lo que nos habría ocurrido y lo que allí nos estaba ocurriendo, y así hasta cansarnos y olvidarnos de todo. Seríamos capaces de dudar de que un día nacimos libres y lo fuimos durante un tiempo. Incluso llegaríamos a pensar que habíamos nacido en la celda y que moriríamos en ella. ¡Menudo silencio eterno!

Había oído que Chukri fue analfabeto hasta bien entrada la adolescencia y así es. Él mismo nos lo cuenta a finales del libro y de cómo puso remedio a la ignorancia aceptando la oferta de un amigo de ir a una escuela para aprender a leer y a escribir. Tiene veinte años. El final te deja esperanzada ya que, después de verle sufrir tanto, una se queda con las ganas de ver cómo siguió su vida y cómo le cambió el hecho de aprender a leer y a escribir, y seguramente también, a pensar mejor.

Este es el primer libro de una trilogía, así que veremos la continuación.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *