El medallón perdido de Ana Alcolea

Una historia redonda que nos traslada al corazón de África

Benjamín es un chico normal y corriente de quince años recién cumplidos. Ha acabado tercero de la ESO. Su padre murió en una avioneta en Gabón hace un par de años. Su tío Sebastián sigue viviendo en el país africano donde mantiene el negocio familiar de tala responsable de árboles. La madre de Benjamín está empezando una relación amorosa y quiere irse de vacaciones, por ello le pide a su hijo que aproveche para visitar Gabón y pasar tiempo con su tío. Este lleva un medallón colgado en el cuello casi idéntico al que llevaba su padre.

Una vez en Gabón, tío y sobrino se proponen caminar hasta donde tuvo lugar el accidente de avión, con la intención de recuperar aquel medallón perdido y así poder quedárselo Benjamín como recuerdo. Antes de eso, Benjamín correrá varias aventuras y conocerá a varias de las personas que formaban parte de la vida de su padre, a quien todos querían y admiraban y quién se había iniciado en la cultura fang a través del ritual bwiti.

En esta novela vemos no solamente el cambio de paisaje y de costumbres de dos culturas distintas sino que también, somos testigos del cambio que experimenta el muchacho en su manera de ver y entender el mundo, de vivir el amor y sobre todo el enamoramiento. Descubre la capacidad de maravillarse por las cosas naturales y de acciones tan simples como respirar o mirar una puesta de sol.

Ana Alcolea muestra magistralmente el proceso de maduración de Benjamín, y lo pone a prueba en diferentes escenarios, por ejemplo cuando decide no atacar al mono porque que ha lanzado un coco a su casa, o cuando va a proteger a su amiga Sandrine del posible ataque de un elefante herido. Pero lo más maravilloso es cuando se da cuenta de que el auténtico medallón que ha ido a buscar es el alma de su padre, especialmente a través del recuerdo de toda la gente que lo frecuentó y lo amó.

La novela destila reflexiones de gran belleza y amor por la naturaleza y la vida y las pone en boca de Henri, el hombre más sabio de la selva, o del tío Sebastián, que bebe todavía de esa cultura y disfruta de la elección de vivir así de libre.

No es valentía lo que dan las armas. Eso es algo que deberás aprender: la fuerza hay que buscarla dentro de uno mismo, no en un objeto ajeno.

Sandrine es el personaje que más me ha cautivado, junto con el tío Sebastián. Es una chica gabonesa, hija de Henri y de Lise; está estudiando en Burdeos y, como Benjamín, va a pasar las vacaciones a su tierra. Ella le enseña algunos de los secretos de la selva y juntos viven aventuras inolvidables, la más importante, la del primer amor. De ella, me quedo con su determinación y su valentía. Es una mujer joven, decidida, que valora lo bueno que le aporta cada mundo, sin comparar ni juzgar: Francia, le posibilita una formación reglada, Gabón sus raíces, su historia, su familia así como las raíces de las plantas y flores que le inspiran para confeccionar sus perfumes. Sandrine no tiene miedo de nada, pero es cautelosa. Asume que la selva tiene sus propios peligros y por ello, va siempre preparada por lo que pueda pasar.

La vida está llena de contradicciones, ¿no? Además, por muy en París o en Madrid que pueda estar, yo nunca voy a perder mis raíces, que son africanas. Estoy orgullosa de pertenecer al bosque, a la selva, al bwiti, a África, que creo que puede aportar muchas cosas buenas a los países del norte, por ejemplo, los nuevos perfumes que yo inventaré con las plantas del sur.

El otro personaje que me enamora es Sebastián: aventurero, soñador, comunicativo, romántico, amante de la naturaleza, respetuoso y ayudador. Le encanta la ópera y las infusiones y no lee libros (esto es lo que lo hace imperfecto). Considera que vivir en la selva es mucho más intenso que leer. En esto discrepa de su sobrino, a quien le fascinan las novelas. Ambos personajes experimentarán cambios trascendentales y sobre todo tendrán a alguien con quien conversar, conversar de verdad.

Todos somos distintos e iguales a la vez, Benjamín. En el fondo, todas las personas perseguimos lo mismo: estar a gusto con nosotros mismos, con los demás y con todo lo que nos rodea, el bosque, los animales, el aire que respiramos, el mar…

El final es emocionante, fresco y conmovedor. Deja un muy buen sabor de boca y sobre todo dan ganas de viajar a cualquier lugar exótico donde haya árboles gigantes, cascadas, elefantes e incluso serpientes, siempre y cuando, llevemos el antídoto en el bolsillo.

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